miércoles, 30 de mayo de 2012

BANKIA Y LA ÉTICA DE LA IRRESPONSABILIDAD


José Manuel Pérez Rivera, miembro del 15M ceutí

Dicen que para conocer a una persona de verdad hay que observarla en un momento difícil. Esto mismo puede aplicarse a las organizaciones privadas o públicas. Entre estas últimas destacan por su importancia los estados. En el caso de nuestro país estamos inmersos en una tormenta financiera que tiene a la mayor de los españoles desconcertados e indignados. Muchos nos preguntamos cómo puede ser que la cuarta entidad bancaria de España se encontrara en quiebra técnica sin que la opinión pública y los propios accionistas tuvieran conocimiento del enorme boquete que se había creado en las cuentas de este conglomerado financiero. Ahora que se ha descubierto el pastel, el gobierno ha extendido un cheque en blanco para que el nuevo gestor de Bankia, el Sr.  José Ignacio Goirigolzarri, tape el impresionante hueco aparecido en el balance contable. Con el cheque en la mano, el Sr. Goirigolzarri  se reunió hace unos días con el consejo de administración de Bankia y entre todos decidieron poner en el cheque la bonita cifra de 23.500 millones de euros. Con  el cheque en el bolsillo, el gestor de Bankia, sin cortarse un pelo, declaró ante los medios de comunicación que no pensaba devolver el dinero público que generosamente le va a entregar el gobierno en nombre todos los españoles. Y esto ocurre tan sólo un par de días después de una huelga general en la enseñanza organizada para protestar por los recortes previstos en el sector educativo español. La perplejidad de los ciudadanos es absoluta. ¿Cómo puede ser que nos diga el ministro de Educación que los recortes son inevitables, -por la mala situación económica que sufre el país-, y al mismo tiempo el gobierno al que pertenece entregue cheques en blanco a los mismos que han provocado esta crisis?. Pero la indignación no queda ahí. Lo que subleva el ánimo de los españoles es que no se quieran dar explicaciones ni depurar responsabilidades.
            Giovanni Sartori, en el apéndice a su conocida obra “la sociedad multiétnica”, reflexiona sobre los conceptos de ética de la intención y ética de la responsabilidad. Ambos términos fueron acuñados por Max Weber, para quien, en la traducción de Sartori, la cuestión es “si el valor en sí del actuar ético-la intención-debe bastar a su justificación…O si se debe tomar por las consecuencias del actuar, del preverse como posibles o probables”. Llevado estos principios al campo de la política, resulta evidente, tal y como expone Sartori, que los ciudadanos “estamos sometidos a decisiones tomadas por los que están en las alturas para ellos”. Por tanto, “no soy yo quien decide por mí, sino otros (unos pocos otros) los que deciden sobre mí. Y en ese caso es verdaderamente crucial que los políticos actúen responsablemente teniendo en cuenta los efectos de sus actos. Pero esta situación se da sólo en el contexto de una ética de las consecuencias y no se da en el contexto de una ética de las intenciones. A la luz de la ética de los principios el político que produce desastres se queda tan tranquilo. Su defensa es: mis principios y mis intenciones eran buenos, y yo respondo sólo de su pureza. ¿Demasiado cómodo?. Sí. Pero es peor que eso. Es que la ética de las intenciones aquí demuestra ser una ética de la irresponsabilidad”.
            No es causal que los dos filósofos que más han reflexionado sobre la ética de la responsabilidad, Max Weber y Hans Jonas, fueran alemanes. En este país los políticos están acostumbrados a asumir las consecuencias de sus actos. En Alemania resulta intolerable que quien comete una falta contra la moral, por nimia que sea, pueda proseguir ejerciendo un cargo público. Por el contrario, en España los políticos imputados por corrupción son generalmente amparados por sus respectivos partidos alegando su presunción de inocencia. Aquí nadie asume responsabilidades por las decisiones políticas que adopta contra el sentido común y las leyes. La incompetencia y la falta de escrúpulos morales son premiados con ascensos en la estructura jerárquica del partido o de la administración.
            En el caso de Bankia y otras entidades financieras las responsabilidades recaen sobre todo el cuerpo político y sindical de nuestro país. Los principales partidos políticos de España (PP, PSOE, IU, CIU, PNV, etc..) y las centrales sindicales más influyentes (UGT y CC.OO) han tenido representantes en los consejos de administración de las cajas intervenidas. Todos, sin excepción, han aprobado las cuentas anuales que ahora se han demostrado fraudulentas. Y todos se han llevado sus buenas dietas por asistencia a los consejos de administración (200.000 € anuales por barba en Bankia). Ellos también han sido los responsables de los créditos que han otorgado las cajas de ahorro a las administraciones para financiar los más disparatados proyectos, desde grandes complejos lúdicos (Terra Mítica, Isla Mágica, etc..) hasta aeropuertos sin aviones. Vemos, pues, que estamos a una verdadero proceso de desmoralización que afecta a los principales estamentos de la sociedad española. El añorado José Manuel Vidal Beneyto expuso con claridad este problema en su obra póstuma, titulada precisamente “la corrupción de la democracia”. Su denuncia de la putrefacción del sistema no se queda en el estricto ámbito individual, sino que comprende “las conspiraciones colectivas, en las que las principales fuerzas políticas de un país, en plena armonía mafiosa, se ponen de acuerdo para timar a los ciudadanos”. Como ejemplo pone el caso de los hermanos Sananés, en Francia, gracias al cual se descubrió que un grupo de empresas repartía el 2 % del volumen de los contratos de obras adjudicados por el estado entre las principales fuerzas políticas del país. Con ello conseguían el silencio y la connivencia de la clase política  francesa, y estos a su vez una vía de financiación de sus partidos.
            España, tal y como denunció Vidal Beneyto, no está al margen de este “pacto nacional de los corrompidos y el silencioso transvase del dinero público a las fortunas privadas”. El supuesto milagro económico español, iniciado a mediados de los años noventa de la mano del boom inmobiliario, no hubiera sido posible sin la connivencia de políticos, banqueros, constructores y promotores. Cada cual tenía asignado un papel en esta obra teatral que ha derivado en un autentico drama económico, social y ecológico. Los políticos han sido los encargados de facilitar el negocio mediante la liberalización del suelo, las recalificaciones urbanísticas, la aprobación de los grandes planes de inversión pública y el papeleo burocrático. Por su parte, los banqueros ponían la pasta para financiar las obras y facilitaban los créditos hipotecarios a los ingenuos ciudadanos. Y por último, los promotores y las empresas de construcción, que se lo llevaban calentito y repartían bajo cuerda parte de los beneficios con los políticos para engrosar sus cuentas privadas y la de los partidos políticos.
            La pieza teatral que comenzó como una comedía que nos hacía reír a todos de alegría, dio un vuelco en el segundo acto, iniciado en el año 2008, hacia una tragicomedia cuando estalló la burbuja inmobiliaria, y finalmente en un drama cuyas últimas escenas estamos visionando estos días.  La verdadera faz de los personajes se está desvelando e intentan esconderse tras un biombo para impedir que los ciudadanos contemplemos su putrefacto rostro. Nadie quiere dar la cara y se recuerdan unos a otros, en público o en privado, que todos han tenido un papel en la obra. El espectáculo es bochornoso. El PP no quiere oír hablar de comisión de investigación, el PSOE la pide con la boca pequeña y el Ministerio de Economía le ha recordado, desde el atril del congreso de los diputados, al benemérito diputado Alberto Garzón (IU) que su partido también ha gozado de representación en el consejo de administración de Bankia, con lo que el gobierno pasa a considerarlos cómplices de lo sucedido en esta entidad bancaria.
            Desvelada la trama, alguien tenía que servir de chivo expiatorio y este papel le ha correspondido al gobernador del Banco de España. Total, le quedaba apenas un mes para abandonar el escenario. Eso sí, antes de irse ha sido obligado a firmar un pacto de silencio por “responsabilidad”, dadas las actuales circunstancias. Un silencio que se ha extendido a los medios de comunicación españoles. ¿Qué están haciendo los medios de este país para desvelar la trama que se oculta tras la quiebra de Bankia?. Algunas voces dentro de la profesión periodística están empezando a hacer autocrítica sobre su escasa profundización en las claves del caso Bankia. ¿Cómo puede ser que ningún medio recoja un análisis profundo y riguroso sobre las causas del boquete contable descubierto en la cuarta entidad financiera de España? ¿Será por aquello de quien paga manda?
            En la última escena, a la que estamos asistiendo boquiabiertos e impasibles,  van a subir al escenario los hombres de negro, ataviados con los uniformes del FMI, el Banco Central Europeo y la Unión Europea, para anunciar que este último acto se ha acabado y que a partir de ahora ellos serán los encargados del escribir el guión. Pero esto es ya otra historia que merece un título distinto y una reasignación de personajes. En este nuevo capítulo queda por decidir a los ciudadanos si quieren jugar un papel secundario y pasivo, o si bien desean tomar el control de la situación construyendo desde la base una verdadera democracia en nuestro país. Para ello tenemos que trasladar el escenario de los parlamentos, ayuntamientos y despachos de las grandes empresas a las plazas de nuestras ciudades, impulsando el desarrollo del movimiento 15M.  

sábado, 19 de mayo de 2012

REFLEXIONES SOBRE EL 15M Y LA HUELGA GENERAL EN LA ENSEÑANZA

José Manuel Pérez Rivera

Los integrantes del 15M ceutí mantuvimos un interesante y amplio diálogo sobre la educación en Ceuta. Se trataba, entre cosas, de discutir sobre nuestro apoyo a la convocatoria de huelga en el sector educativo que va a celebrarse el próximo martes, 22 de mayo. Las razones de este paro en la enseñanza fueron expuestas por algunos entusiastas y comprometidos miembros de la comunidad educativa de Ceuta que han decidido sumarse al movimiento 15M. Según expusieron, los recortes en gastos de personal y la supresión de programas experimentales, junto con las reformas educativas anunciadas por el gobierno, van a tener una incidencia muy negativa en la maltrecha educación ceutí. Como se ha dado a conocer hoy mismo, Ceuta vuelve a encabezar el listado de los territorios con mayores índices de fracaso escolar y abandono prematuro de los estudios obligatorios. Ante este penoso panorama no parece lógico ni sensato reducir los medios materiales y humanos para reconducir unos resultados educativos que, de no corregirse, anuncian un futuro no demasiado halagüeño para nuestra ciudad. Dicho esto, alguno de los presentes en el debate quiso ampliar el marco de discusión planteando una crítica al sistema educativo vigente en España. Se trataba de dilucidar si el actual modelo de educación fomenta la democracia o, por el contrario, sirve para perpetuar un sistema socioeconómico injusto, insostenible y deshumanizado.

            Para los más críticos entre los intervinientes en el debate sobre la educación en Ceuta, la enseñanza tal y como se practica en nuestro país, y  en general en la mayor parte de los países de nuestro entorno, es en realidad un instrumento perfecto de absolutismo político, cuya aceptación general, según expuso Lewis Mumford, es “fatal para el ejercicio de un juicio independiente, el disenso crítico o el pensamiento creativo”. Lamentablemente, nuestras aulas, en vez de formar a ciudadanos plenos, conscientes de sus responsabilidades cívicas y críticos con la realidad que les ha tocado vivir, matan cualquier tipo de iniciativa personal y contribuyen a la formación de hombres y mujeres atávicos, individualistas, conformistas, consumistas y acríticos. Justo el tipo de ser humano que interesa para el mantenimiento del vigente modelo económico que nos ha llevado a la actual crisis sistémica.

            El movimiento 15M es plenamente consciente de que la democracia política no será posible si no va acompañada de una democracia económica y educativa. Si la democracia pudo surgir en Grecia hace 2.500 años fue porque supieron unir la cultura espiritual y la moral. Según Werner Jaeger, uno de los más reputados conocedores de la educación o paideia griega, “las cosas humanas a que dirigía su atención culminaban siempre, para los griegos, en el bien del conjunto social, del que dependía la vida del individuo”. Para Sócrates, el verdadero educador tiene que ejercer como un médico de almas para quien el saber es el “alimento del espíritu” y que se preocupa ante todo de conocer qué será provechoso para éste y qué será perjudicial. Por tanto, se trata de una educación que antepone la sabiduría al conocimiento y lo práctico o utilitario al fomento de las virtudes cardinales del ser humano: piedad, justicia, valentía y moderación.

            Esta visión de la educación que representa la enseñanza de Sócrates se vio, ya por aquel entonces, enfrentada a la escuela de los Sofistas. Este tipo de educación, que se ha convertido en la habitual de todos los tiempos y lugares, embute en el espíritu humano, al buen tuntún, toda clase de conocimientos. Tal y como comenta Werner Jaeger, “el movimiento sofista había surgido de la necesidad de dar una cultura superior a la alta capa gobernante y de la elevada valoración de los méritos de la inteligencia humana. La finalidad práctica de los sofistas, la formación de hombres de estado y dirigentes de la vida pública, había favorecido esta nueva orientación en una época como aquélla, preocupada fundamentalmente por el éxito”. Ni que decir tiene que la tendencia marcada por el sofismo es la que se impuesto en la  cultura occidental, siendo desde su dominio un freno insalvable para el pleno desarrollo de la democracia.

            La democracia presupone un alto nivel de cultura y sabiduría moral.  Esto sugiere la idea de hacer de la educación el punto de Arquímedes en el que es necesario apoyarse para mover el mundo político. Este aspecto ha sido recientemente analizado, de manera brillante, por Antoni Brey, Daniel Innerarity y Gonçal Mayos, en el libro que lleva por título “la sociedad de la ignorancia y otros ensayos”. Nosotros en lo que quisiéramos incidir es en la vertiente ética de la educación, lo que nos lleva a reclamar un nuevo modelo educativo que se preocupe de formar a ciudadanos sabios y responsables de sí mismo y del bien de la sociedad en su conjunto. Para hacerlo posible necesitamos un educador comprometido que, siguiendo la doctrina socrática, se dedique a persuadir “a los jóvenes y sus viejos de que no se preocupen tanto ni en primer término por su cuerpo y por su fortuna como por la perfección del alma” (extraído Apología de Platón).

            Somos plenamente conscientes de que una escuela como la descrita con anterioridad no entra en los planes ni de la izquierda, ni de la derecha ni del centro político de nuestro país. Está situada en un plano que se ha empezado a explorar en algunos sectores de la pedagogía en España, de la mano de uno de nuestros más célebres filósofos: Emilio Lledó. Parte de sus planteamientos en materia educativa están recogidos en su obra “ser quien eres. Ensayos para una educación democrática” (2009), un auténtico alegato a favor de la revitalización de la Paideía y el diálogo, además de constituir una sugestiva reivindicación de la memoria. En este libro podrán encontrar la descripción de los principios que pueden conducir a una educación democrática basada en la promoción de la inteligencia y en el aliento de la libertad. Un ideal que comparte el movimiento 15M, o al menos, quienes constituimos el colectivo de los “indignados” ceutíes.

            Para concluir, y respecto a nuestro apoyo a la huelga del próximo martes, tenemos que manifestar que nuestra visión de la educación, -como ha quedado patente a lo largo de este escrito-, está bastante alejada del modelo imperante en nuestro país. Con esta escuela y con esta universidad va a ser difícil construir una sociedad verdaderamente democrática. Por ello exigimos un cambio radical en  el paradigma educativo y la ciudadanía tiene que ser el motor que impulse esta revolución en el sector de la educación. No obstante, sería contraproducente caer en una especie de adanismo irresponsable que desecha todo lo anterior simplemente porque no se ajusta a nuestra visión de la educación. Ninguna persona o colectivo con cierto grado de sensatez tiraría abajo todo lo construido y desecharía los medios humanos y materiales disponibles. Lo inteligente es emprender acciones inmediatas con los agentes a nuestro alcance, tomando posición de las estructuras existentes y utilizándolas para los nuevos propósitos educativos.  Es por este motivo por lo que nos oponemos al desmantelamiento de la educación pública. Aunque no nos guste el funcionamiento del edificio educativo, su estructura es indispensable para la construcción de la educación democrática a la que aspira el movimiento 15M.

miércoles, 16 de mayo de 2012

EL MOVIMIENTO 15M, LEWIS MUMFORD Y LA TEORÍA DE LOS PUNTOS SINGULARES DE MAXWELL

José Manuel Pérez Rivera

            Quien hemos tenido la enorme fortuna de conocer la obra del pensador y crítico Lewis Mumford (1895-1990) no podemos dejar de sorprendernos con su clarividencia y lucidez a la hora de analizar la evolución de la condición humana y sus transformaciones históricas. En su afán por encontrar las claves de una teoría general de los cambios sociales, siguiendo el esfuerzo que emprendieron otros como Arnold Toynbee,   Jacob Burckhardt, Henry Adams o su maestro Patrick Geddes, encontró en el campo de la física una fuente de inspiración que le siguió durante toda su vida. Nos referimos, concretamente, a la teoría de los puntos singulares del físico James Clerk Maxwell. Según cuenta Mumford en “The conduct of life” (1951), Maxwell observó que la ciencia está organizada para estudiar continuidades y estabilidades, por lo que se centra en aquellos campos de estudios donde estos atributos son dominantes. Pero, tal y como él había tenido la oportunidad de observar en el transcurso de sus investigaciones, se dan momentos y ocurren hechos impredecibles que lleva a que una pequeña fuerza pueda provocar no un resultado reducido y conmensurado como sería previsible, sino uno de una magnitud mucho mayor.
En el escrito donde encontró Mumford la descripción de la teoría de los puntos singulares, Maxwell comenta: “toda existencia por encima de un cierto rango contiene puntos singulares: a superior rango, más presencia. En estos puntos, las influencias, cuya magnitud física es demasiado pequeña como para ser tenida en cuenta por un ser finito, pueden producir resultados de la mayor importancia. Todos los grandes resultados producidos por la actividad humana dependen de tomar ventaja de estos estados singulares cuando se producen". A este pasaje, Mumford añade que en estos puntos singulares “lo que es imposible en cualquier cálculo del sentido común, no sólo puede llegar a ser imaginable, sino realizable. Paralelamente, las predicciones basadas en regularidades, continuidades, estabilidades, -también observables en la misma sociedad y, por lo general, suficiente para su descripción-, pueden pasar a ser engañosas como guía para la decisiva acción o como un indicio de futuras tendencias”. Como ejemplo, Mumford comenta que ningún agudo observador  romano en el apogeo de su civilización pudo ni siquiera imaginar que su gran imperio sería absorbido, de arriba abajo, por los seguidores de un oscuro profeta de Galilea.
Sin negar la importancia y necesidad de atender las tareas diarias y rutinarias que hacen posible mantener la vida de una determinada comunidad, la teoría de los puntos singulares de Maxwell constituye una aportación fundamental a la descripción científica de los cambios sociales. Y es que esta teoría, en opinión de Mumford, pone de manifiesto que a ciertos intervalos, en momentos críticos o en situaciones de crisis, puede ser decisivo un método adicional de incitación al cambio, sobre todo si se reconoce y se interpreta correctamente la naturaleza del propio momento. En tal cambio, según Mumford, la personalidad humana puede producir un efecto fuera de toda proporción a sus facultades físicas. Un oportuna intervención de una “magnitud física demasiado pequeña para ser tenida en cuenta por un ser finito puede producir un efecto equivalente a un cambio acumulativo y generalizado logrado mediante un gasto mucho mayor gasto de esfuerzo a través de los canales normales de cambio social”.
Para Mumford, la teoría de los puntos singulares es clave para explicar el papel clave de la personalidad humana en algunos de los mayores cambios que se han dado a la largo de la historia, como también explicaría la rareza de estas ocasiones. Tal y como narra en el referido libro, “en momentos de crisis, donde los caminos de la desintegración o el desarrollo separa, como en una línea divisoria, a una única personalidad determinante o un pequeño grupo de hombres informados y comprometidos, estos pueden mediante un ligero empujón determinar la dirección y el movimiento de una de otro modo incontrolable masa de conflictivas fuerzas sociales. En esos momentos, no una única institución o un grupo, sino una sociedad entera, estarán involucrados en un cambio mucho más allá de su capacidad ordinaria para la adaptación. Sin embargo, el agente dinámico de esta transformación, la "chispa que enciende el gran bosque", será la personalidad humana individual; porque es ella la que precipita el cambio en el orden social, en primer lugar iniciando una profunda reagrupación de las fuerzas y objetivos ideales dentro de sí mismo. Entonces el ser humano integro representa el todo y a su vez tiene un efecto sobre el todo”.
Un aspecto muy importante del dictamen de Maxwell es que existe una relación directa entre el grado de complejidad de una sociedad y la mayor frecuencia en la aparición de puntos singulares. Llevado este principio a los tiempos actuales, es fácil concluir que atravesamos un periodo histórico que, por su complejidad y profunda crisis social, económica, ecológica y ética, constituye un verdadero caldo de cultivo para la aparición de puntos singulares y que estos están surgiendo a un velocidad de vértigo sin que lo hayamos identificados como tales. En todos ellos, como veremos, ha sido fundamental la acción de la personalidad humana, ya sea de un individuo concreto o de un pequeño grupo de personas:

·                    Islandia, octubre de 2008. El ciudadano islandés Hördur Torfason inicia una protesta individual para expresar su malestar por la quiebra económica del país. Se planta en Austurvöllur con un micrófono abierto e invita a la gente a tomar la palabra.  A la semana siguiente se organiza una manifestación más numerosa y organizada que desencadena un movimiento ciudadano que consigue la dimisión del gobierno y la celebración  de un referéndum sobre la deuda de la banca.
·                    Túnez, 10 de diciembre de 2010. Mohammed Bouazizi, una joven tunecino, dedicado a la venta ambulante, se suicida quemándose a lo bonzo como acto de protesta por sus problemas económicos y la brutalidad policial. Su desesperado gesto provoca la caída de régimen de dictador Ben Ali, a la que seguiría a los de otros gobernantes árabes en lo que se ha venido a llamar la “Primavera árabe”.
·                    España, 15 de mayo de 2011. Tras una nutrida manifestación organizada por varios colectivos ciudadanos (Democracia Real Ya, Juventud Sin Futuro, etc…), un grupo de veinte personas decide acampar en el céntrica Puerta del Sol. A lo largo de la noche otras personas deciden secundar la iniciativa, hasta que la policía actúa desalojándolos de la plaza. Cuando esto sucede la noticia corre por las redes sociales y se desencadena actos de protesta y concentraciones en buena parte de las ciudades españolas. En los días siguientes se organiza un campamento en la Puerta del Sol y los destellos del movimiento alcanza otras ciudades del mundo.  Desde entonces el movimiento no ha dejado de creer y expandirse.

Como demuestran los hechos anteriormente comentados, la personalidad humana puede alterar el patrón de los acontecimientos históricos. Y de esto están tomando conciencia muchas personas por todo el planeta. La gente comienza a darse cuenta de que tiene en su mano la posibilidad de cambiar el rumbo de los acontecimientos y que las acciones individuales o la de pequeños grupos de personas comprometidas sí que pueden influir en el discurrir de la historia. Por primera vez en mucho tiempo algunos ciudadanos han decidido romper el aislamiento social impuesto por el capitalismo para recuperar en el espacio urbano y romper así el perverso hechizo que había sembrado la desconfianza mutua entre la mayoría de la ciudadanía. Gracias al movimiento 15M y a los otros puntos singulares que están brotando a una velocidad inusitada por todo el planeta se han desencadenado las fuerzas que va a hacer posible la rehumanización del ser humano, tal y como Lewis Mumford vislumbró en su obra “Las transformaciones del hombre” (1956). Una nueva sociedad está eclosionando sobre las bases del intelecto, la reflexión y la solidaridad. Y este cambio, como ha comentado Emilio López-Galiacho (rebelión, 16/01/2012), no hay quien lo pare, pues se trata de un nuevo estado mental.

sábado, 12 de mayo de 2012

MANIFIESTO 12M

En el momento de leer estas líneas, miles de personas se han echado a las calles de ciudades y pueblos repartidos por todo el mundo. Ceuta no podía ser la excepción. A todos los convocados nos mueve un objetivo común: reclamar un cambio global. Pedimos una transformación de la sociedad y del propio hombre que anteponga los aspectos elevados de la vida humana (justicia, arte, amor, verdad y apoyo mutuo) por encima de los principios que han llevado a esta crisis sistémica: el tribalismo, el odio irracional, la brutalidad, la autoafirmación patológica y la autoadoración. Tal y como ha expresado con enorme lucidez el escritor José Luis Sampedro, el vigente sistema capitalista está disgregado, corrompido y en desmantelamiento. Es imposible evitar el cambio y el movimiento 15M surgió precisamente hace un año para hacer realidad este anhelo.
Quienes hemos decidido dar un paso adelante y comenzado a romper el aislamiento que ha propiciado el capitalismo para perpetuar su modelo antisocial, reclamamos mayor equidad y justicia para todos los habitantes de la tierra. Al mismo tiempo denunciamos la extrema pobreza que asola la tierra para que puedan subsistir pequeñas islas de opulencia y despilfarro que van dejando un rastro de destrucción ambiental y deshumanización. No podemos tolerar por más tiempo que los intereses de una pequeña minoría, no superior al 1% de la población, condene a la precariedad cuando no al hambre al 99 % restante.
El movimiento 15M exige una nueva política del bien común que no pasa exclusivamente por denunciar la corrupción entre los integrantes de la clase política. También requiere una mayor implicación ciudadana y la recuperación del verdadero significado de la democracia. Conviene recordar a todos, y este es un objetivo básico del 15M, q            ue sólo hay una forma de democracia en el plano político: el ejercicio directo de la soberanía por las personas mismas, una forma de institución de la sociedad que rechaza cualquier forma de gobierno e institucionaliza la distribución igual del poder político entre todos los ciudadanos. Esta idea del pensador Takis Fotopoulos, hay que relacionarla con lo expresado por Cornelius Castoriadis para quién la democracia es el régimen en el que los ciudadanos son todos capaces de gobernarse y ser gobernados. Una  última cita, atribuida Noam Chomsky: Mientras la población general sea pasiva, apática, ..los poderosos podrán hacer lo que les dé la gana, y los que sobrevivan tendrán que contemplar el resultado”.
La recuperación de la idea de democracia política es un factor fundamental en el cambio estructural a nivel social que promulga el 15M. Una transformación que debe venir acompañada por el establecimiento de límites ecológicos a la actividad humana, la superación de la doctrina del crecimiento económico ilimitado y la superación del consumismo. Precisamente, este último concepto preside el lema de esta jornada de protesta pacífica: “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Estas palabras describen con claridad las causas profundas de esta crisis que no es sólo económica, sino también de valores y consideración de la propia humanidad del hombre. La mercantilización de la sociedad ha llevado a la obsolescencia del hombre, considerado como un objeto reemplazable, cuando no directamente desechado como un residuo molesto que puede arrojarse sin pudor ni remordimiento al vacíe de la pobreza y la marginación. Frente a esta visión del hombre y las relaciones sociales, el 15M reclama una nueva economía fundada sobre el principio de que no hay riqueza sino vida. Exigimos un cambio de una economía monetaria basada en el poder y la productividad a una economía vital sustentada en la participación y la capacidad creadora.  Una economía vital que requiere un nuevo plan de vida concebido en función de las necesidades superiores del hombre.
Si fuéramos capaces de sustituir la economía monetaria por la vital ningún gobierno se plantearía rescatar a los bancos mientras que miles de personas pierden sus casas y sus trabajos por una reforma laboral que prima los intereses de empresarios sin escrúpulos. Tampoco se entendería que se redujeran los presupuestos en educación y sanidad al mismo tiempo que se otorga una amnistía fiscal a los defraudadores, en un país, como España, con los mayores índices de evasión fiscal y menor capacidad de recaudación de todos los países de la Unión Europea. No, no es verdad que España gaste por encima de sus posibilidades. Lo que sucede en este país es el resultado de una transición democrática inmodélica que ha permitido la continuación de un régimen económico oligárquico. Un régimen que sangra a las rentas del trabajo a la vez que mima a las cuantiosas rentas del capital en manos de un pequeño grupo de personas. Un sistema fiscal más justo y equitativo permitiría recaudar al Estado suficiente dinero para acabar de un plumazo con el paro en España, creando miles de puestos públicos.
Por mucho que proclamen políticos y banqueros sí que existen alternativas. De nosotros depende alcanzarlas. En ningún momento de la historia los cambios sociales y el reequilibrio del poder económico y político han sido entregados de manera gratuita. Hay que luchar por ellos y en este empeño trabaja el movimiento 15M, desde Ceuta y desde los más lejanos rincones del mundo.

viernes, 11 de mayo de 2012

EL MOVIMIENTO 15M CEUTI VUELVE A LA CALLE

José Manuel Pérez Rivera

Dentro de unos días se va a conmemorar el surgimiento del movimiento 15M. Con este motivo se han organizado manifestaciones, concentraciones y actos reivindicativos en la mayor parte de los pueblos y ciudades de España. En Ceuta está prevista la celebración de una concentración en la Plaza de los Reyes que tendrá lugar el próximo día 12, a las 19:00 horas. Este mismo día muchos ciudadanos van a echarse a la calle para expresar su malestar por las nefastas consecuencias de una profunda crisis de apariencia económica, pero que camufla graves problemas ecológicos, sociales y éticos. No se trata, pues,  como algunos comentan, de una crisis pasajera o normal en el ciclo económico. Más bien nos enfrentamos a una quiebra de un modelo económico, el capitalismo, basado en los principios del “desarrollo y goteo” y el crecimiento ilimitado. Según defienden sus próceres, el progreso depende de un crecimiento perpetuo y sostenido en el tiempo. Al ser un modelo de relación social marcadamente desigual, donde un 20 % de la población acapara el 80 % de la riqueza del planeta, el desarrollo tiene que crecer sin pausa para que “gotee” una ínfima parte del dinero que circula en el mundo sobre las clases sociales desfavorecidas. En momentos de crisis como el que estamos atravesando, el desarrollo económico se frena y el goteo disminuye llegando a cada vez menos ciudadanos. Sucede entonces que muchas de las personas localizadas en la franja social de la llamada clase media, grupo social mayoritario en los países desarrollados, pasan a engrosar el grupo de los excluidos sociales. Comoquiera que durante algún tiempo estos han disfrutado de un cierto grado de bienestar les cuesta adaptarse a una situación en la que viven, -desde su nacimiento hasta su muerte y generación tras generación-, la mayor parte de los habitantes del planeta. ¿Qué ocurre en estos momentos?. Si atendemos a los libros de historia y tomamos como ejemplo la revolución francesa, una pequeña minoría ilustrada, representada por personajes como Rousseau, Montesquieu, Constant o Chautebriand, toman la pluma para combatir las iniquidades o al menos plantear modelos sociales más justos y equilibrados en el reparto del poder. Su grado de influencia podía ser relativo entre los miembros más elevado de la sociedad, pero ínfimo entre una clase popular con escaso bagaje educativo. Sus sabios consejos a los gobernantes fueron ignorados, así como desoyeron sus advertencias en torno al estallido social que podía acarrear la perpetuación en el  tiempo de la situación de hambruna y pobreza que atenazaba a la población. En vez de favorecer una evolución según los principios de un nuevo contrato social (Rousseau) o un reparto más justo y proporcionado del poder (Montesquieu), provocaron, por su desidia e ignorancia, una revolución de la plebe que llenaron las calles de sangre y los patíbulos de cesta con las cabezas de ciento de personas que tuvieron este trágico final simplemente por su pertenencia a una clase social determinada.
            Ha pasado mucho tiempo desde los acontecimientos comentados con anterioridad. Por fortuna muchos de los principios esbozados por los pensadores citados propiciaron el fin del absolutismo y la instauración de la democracia, o un sucedáneo de ella, en los países occidentales. De manera similar, las ideas ilustradas tomaron forma en la Declaración de los Derechos del Hombre (1789) o en las constituciones con la que se dotaron los estados europeos en los años y décadas posteriores a la famosa toma de la Bastilla. Sin embargo, tales avances no han conseguido acabar con las desigualdades e injusticias sociales. No se puede negar que se ha conseguido un relativo grado de democracia política, pero hacia la económica poco hemos avanzado. Y una sin la otra hacen inviable el proyecto democrático. Si nos atenemos a los hechos de los que somos testigos desde que estalló la crisis en el año 2008, se aprecia con claridad que el poder económico le ha ganado la partida al mermado poder ciudadano.  La megamáquina de la que hablaba Mumford o Castoriadis está fuera de control y toca a los ciudadanos recuperar el control de los acontecimientos para reconducir la situación hacia la satisfacción de las necesidades humanas y el florecimiento de la vida.  Ésta es la misión del movimiento 15M, pararle los pies a la megamáquina capitalista, desmontarla y con sus componentes dibujar un nuevo mundo. No podemos dejar por más tiempo este trascendental objetivo en manos de una clase política hipotecada con los poderes financieros y económicos. Es hora de que los ciudadanos asumamos nuestras responsabilidades en todos los órdenes de la vida: en la familia, el vecindario, la ciudad en la que vivimos o nuestro país.  Todo ello sin perder nunca de vista que pertenecemos a una gran comunidad de seres vivos, dentro de los cuales el ser humano ha sido la única especie que hasta ahora ha alcanzado unos altos niveles de inteligencia y la capacidad de amar. Ha llegado el momento de demostrar que la inteligencia con la que nos ha dotado la naturaleza o algún tiempo de deidad, como piensan los creyentes de las numerosas religiones que existen o han existido a lo largo de la historia,  constituye un don y no una amenaza para nosotros mismo y para la naturaleza. Tenemos la responsabilidad como especie de actuar como seres inteligentes cultivando la naturaleza y no arrasando con ella. Para hacer posible esta vida de armonía con el planeta, pacífica convivencia entre los hombres y una vida plena y satisfactoria para todos tenemos que combinar inteligencia y amor.  
            Para concluir quiere manifestar que no soy partidario de las revoluciones según los violentos ejemplos que hemos conocido a lo largo de los siglos XIX y XX. La historia ha demostrado que la violencia y la venganza interclasista son medios contraproducentes para construir una sociedad más justa. Por suerte el peso de los protagonistas en el conflicto social que subyace bajo esta crisis económica es muy distinto. En esta ocasión los ideólogos del 15M no son claramente reconocibles. Sin duda hay destacados intelectuales que apoyan este movimiento ciudadano (José Luis Sampedro, Eduardo Galeano, Vincenc Navarro, Carlos Taibo, Manuel Castells, etc…), pero su papel es secundario. En el 15M no hay líderes. Lo importante son los miles de personas que comparten una serie de rasgos comunes: lucidez, valentía, pasión y conciencia de la realidad. Nunca en la historia de los movimientos sociales había surgido un grupo que se manejara con criterios tan genuinamente democráticos. Tendríamos que retomarnos hasta la Grecia Clásica para encontrar similares ejercicios de libertad (eleuthería), igualdad de palabra (isegoria) e igualdad de derechos (isonomia) entre hombres y mujeres. Nada tienen que ver los integrantes del 15M como la chusma que recorrió las calles de Paris en 1789. Por aquel entonces no existía un sector de la sociedad  tan formado y consciente de los problemas de la sociedad en la que les ha tocado vivir como la generación actual. No obstante, sería un error imperdonable pasar por alto el peligro de la eclosión de grupúsculos violentos y partidos neofascistas que aprovechen la situación de crisis económica para alcanzar sus objetivos de desestabilización social. Es por este motivo entendemos que la clase política, -los que dicen ser los representantes legítimos de la voluntad popular-, actuaría de manera irresponsable si desatendiera las sensatas y justas medidas que propone el 15M. No deberían olvidar que tras los pacíficos y justos acechan la turba de los bárbaros. Y estos no conocen otro sistema de protesta que la violencia indiscriminada.
            Para el gran historiador Toynbee los procesos de auge y declive de las civilizaciones mantienen una estrecha relación con la capacidad de la gente a la hora de reaccionar ante los desafíos  a los que se enfrentan. En la misma línea, el también historiador Josep Fontana ha recordado en una entrevista reciente algo que no podemos perder de vista: que los avances sociales nunca se regalan. Se conquistan. "Proceden siempre de luchas colectivas reales o se arrancan por el miedo que puedan sentir las clases dominantes; pero en ningún caso se trata de concesiones graciosas; estas movilizaciones son las que en la transición conquistaron derechos básicos". ¡Así que todos a la calle y comencemos a recuperar la democracia secuestrada por los mercados!